CALAVERAS DEL MONTÓN (NÚM. 2)

Autor:  JOSÉ GUADALUPE POSADA

Título: CALAVERAS DEL MONTÓN (NÚM 2)

FECHA: 1910

Técnica:  ZINCOGRAFÍA TIPOGRAFÍA

Medida de la obra:  35.3 X 25.5

 

 

José Guadalupe Posada a cien años de su muerte

FUENTE: http://vivirtlatelolco.blogspot.mx/2013/01/jose-guadalupe-posada-cien-anos-de-su.html

Ethel Camarena Meixueiro*

“En 1925 el pintor francés Jean Charlot comenzó a difundir la obra de José Guadalupe Posada; hasta ese entonces el mundo supo del artista que retrató la violencia cotidiana de su tiempo: como salidos de una pesadilla, sus monstruos, calaveras y demonios volvieron célebre la cercanía de los mexicanos con sus muertos. La amarga ironía es que los huesos del grabador a nadie le importaron y murió como un desconocido”.*

El mito en torno a su historia vendría después…Posada es un gran rompecabezas que se ha ido armando, prácticamente de la nada.

“José Guadalupe Posada Aguilar nació en Aguascalientes en 1852. Murió en Tepito en 1913. Durante los sesenta y un años que deambuló por este mundo, se le llamó Don Lupe y él. Un hombre gordo y bonachón, respondía a ese nombre”.

“Posada casi nunca usaba su apellido, incluso muchas veces dejaba sin firmar sus trabajos, por poner un ejemplo: de 110 cuadernos de la Biblioteca del Niño Mexicano, sólo firmo cuatro”

Trabajaba como un artesano más, era solamente un dibujante-grabador-ilustrador que recorría las calles de la Ciudad de México; transitaba de taller en taller, de imprenta en imprenta, de periódico en periódico y ofrecía sus trabajos sin chistar a quien se lo solicitara.

Don Lupe intervino en más de cuarenta periódicos, en unas diez o doce imprentas, tuvo su propio taller y, sin embargo, se sigue afirmando que únicamente era empleado de la imprenta de Antonio Vanegas Arroyo.

Posada parece ser sólo una gran invención del siglo XX, producto de la ideología de la Revolución Mexicana, esa época en que sus obras ya andaban en boca de muchos y él tenía una larga historia (aunque desconocida hasta hace poco), desde aquel lejano 1871, cuando publicó sus primeras caricaturas en un pequeño periódico llamado El Jicote en su ciudad natal.

LAS CALAVERAS

En el grabado del primer número de El Jicote, discretamente se asoma una calavera, como sombra, con una guadaña; está dibujada sobriamente, sólo posando los ojos con cuidado es posible identificarla.

A sus 19 años, la muerte parecía obsesionarle. Se ha dicho que su visión de las calaveras prehispánicas, proviene de la cosmogonía prehispánica  debido a esa necesidad de inventarnos y justificar nuestra herencia indígena. Probablemente esa fue una de sus influencias pero, sin duda su infancia determinó muchos rasgos de su vida.

El niño Lupe vivió, y nació, en el barrio de San Marcos, muy cerca de un cementerio. Su infancia transcurrió en una de las épocas más convulsas de nuestra historia. Apenas tenía cinco años fue testigo de una terrible epidemia de cólera que provocó cientos de muertes, a los que seguramente pudo mirar en el cementerio contiguo, donde se encontró con un paisaje sombrío: decenas de cadáveres apilados, haciendo filas para ser echados en la fosa común.

Además, el niño Lupe fue partícipe de la gran crisis social y económica de entonces, llena de hambre y miseria, que padeció la sociedad entera y obligo a muchas personas a integrarse al robo y la rapiña ante la falta de trabajo, los conflictos políticos, la carencia de garantías sociales.

La mayoría de las ilustraciones de Posada iban acompañadas de textos (versos, crónicas de canciones, “calaveritas”) cuyos autores no se han identificado a pesar de que le dieron un valor extra a la obra del grabador. En pleno año de la Revolución, Francisco I. Madero no se salvó de ser retratado como una calavera que sostiene una botella de aguardiente de Parras Coahuila, de donde era originario.

*Abogada

Fuentes:

*Agustín Sánchez González, “Posada” en Relatos e historias en México, núm. 34, junio 2011.

Contenido y referencia bibliográfica tomada de la novela “Una historia del montón” del historiador Agustín Sánchez González.

Imagen: “Calaveras del montón”, Núm. 2 Grabado de J.G, Posada, 1910, imprenta de Antonio Vanegas Arroyo, colección particular de Agustín Sánchez González.